domingo, 30 de mayo de 2010

Chapadmalal


 Viernes por la tarde en Parque Lezama. Mucha gente. Encuentro a mis amigos, como siempre, al fondo de todo. Hablamos hasta que llegan los micros y después seguimos hablando, ya en los micros, camino a Chapadmalal. Junto a mí se sienta una chica que no conozco. Me dice un nombre que no recordaré en todo el fin de semana. Atrás va Javier con el bombo, los hermanos Penna (santiagueños) con guitarras y el tucu, también con una viola. Me convidan licor de dulce de leche, vino patero y escucho las primeras zambas y chacareras de la noche.

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viernes, 7 de mayo de 2010

Cátedra Abierta “América Latina Ahora o Nunca” - Documento Chapadmalal



Sobre esto vamos a hablar mañana:

Desde el advenimiento de la revolución industrial, la proyección y la velocidad con la que el hombre ha aumentado su producción y consumo han absorbido, en una constante multiplicación geométrica, a todas las relaciones humanas.

Consumir, significa consumirse a sí mismo, languidecer, agotar, extenuar. Y esa es la matriz productiva de un sistema de acumulación que se plantea como infinito, en un planeta evidentemente finito.
Un sistema lineal, que versa en la ecuación extracción-producción-distribución-consumo-descarte, tiene inevitablemente un problema antológico con un mundo que se presenta redondo y finito. Quizás en Latinoamérica esa contradicción tenga su reverso, su solución.
Este hechizo vertiginoso, que transforma al hombre en una máquina al límite de su capacidad productiva, y que, propugna por una división internacional del trabajo detalladamente establecida, equiparando apto a rentable, tiene como principal objetivo la producción de bienes necesarios o superfluos constantemente, “porque la renovación produce utilidades” como Perón lo señalaba en 1972.
Tanto despilfarro de recursos disfrazado de progreso tiene un impacto desastroso para nuestro planeta y para nuestras sociedades. Incluso para las que parecen estar dentro de las selectas listas del desarrollo, y han alcanzado niveles de ecuanimidad más deseables, se les presenta un problema. Ese problema es la superpoblación. Este concepto además de medir la cantidad de personas por metro cuadrado tiene en cuenta la cantidad de recursos “indispensables para la vida” que existen en ese espacio. ¿Y donde se encuentra la relación más favorable en el mundo entre cantidad de habitantes y recursos “indispensables para la vida”? La respuesta es unánime sin importar la fuente que se consulte: América Latina. Por lo tanto, estamos sentados debajo del mayor reservorio de recursos y biodiversidad, y si no logramos instalar un debate público en nuestras sociedades, las empresas trasnacionales con el beneplácito de algunos funcionarios seguirán dilapidando e hipotecando nuestro futuro, en beneficio de sus enormes márgenes de ganancias que usan para retroalimentar el frenesí de consumo social.
Por eso “creemos que ha llegado la hora en que todos los pueblos y gobiernos del mundo cobren conciencia de la marcha suicida que la humanidad ha emprendido a través del medio ambiente y la biosfera, la dilapidación de los recursos naturales, el crecimiento sin freno de la población y la sobre-estimación de la tecnología y la necesidad de invertir de inmediato la dirección de esta marcha”. La vigencia que tienen hoy las palabras de Juan Domingo Perón son irrefutables y continúa con un mensaje que quizás sea íntegramente el espíritu de la Cátedra América Latina Ahora o Nunca cuando sentencia: “la Humanidad debe ponerse en pie de guerra en defensa de sí misma”. Quizás esa revolución industrial que empezó hace más de 250 años, y que ha producido enormes avances, tenga que desacelerar un poco su marcha. Quizás el crecimiento sostenido y geométrico, deba reemplazarse por uno más moderado, un crecimiento que no se sustente en la miseria de la población, ni en la extenuación del planeta.
Sin embargo, hasta que las condiciones del sistema se transformen completamente, hasta que las reglas de juego sean claras y justas para todos los pueblos, y hasta que el hombre despierte del hechizo por la voracidad de acumulación en sí misma, los pueblos de América Latina tendrán la fundamental tarea de proteger sus destinos y gran parte de los del resto del planeta, entendiendo que los problemas globales ya no podrán ser atendidos con soluciones locales, y la supervivencia de la especie humana deberá ser para los Latinoamericanos la gran responsabilidad del siglo que empieza, porque en nosotros están no solo las riquezas para poder lograrla, sino que se condensa la síntesis milenaria que ofrecerá un nuevo modelo de desarrollo al mundo.
Por lo tanto, hoy la integracion latinoamericana no es solo la reinvindicacion de un sueño histórico postergado, sino es la urgencia insoslayable en la realización de un futuro libre y soberano.
Hace muchos años atrás Perón vaticinó que el año 2000 nos encontraría unidos o dominados. ¿Y si nos encontró unidos y dominados?
El Banco Mundial ha denominado a los territorios argentinos, brasileños y paraguayos productores de soja, como la República de la Soja. Este modelo que se representa como un logro obtenido, producto de una década de aplicación del paquete tecnológico, nos coloca en una posición donde si bien las fronteras se han ido diluyendo, tanto el control político como la soberanía alimentaria no han quedado en manos de una estructura institucional suramericana de representación popular; muy por el contrario, su homogenización se produjo con un fin comercial y privado. Y qué mejor que un monocultivo para comprender hasta qué punto se ha unido dominando. En ese sentido, el caso de Paraguay es paradójico, porque fue un país que no aceptó la regulación de los transgénicos hasta que se vio forzado a legalizar una situación que lo había desbordado, producto de la polinización ilegal en sus propios campos.
Al haber aumentado la escala del consumo mundial, ya no alcanza con una división internacional del trabajo por países; nos encaminamos hacia una división inter- regional de productos.
Este modelo, que es de aplicación mundial, tiene una estructura fácilmente observable que puede describirse en el modelo de las 4M.
La primera M corresponde a la constante extracción de Materias Primas como garantizadoras de la producción y el consumo, así como también de las infinitas posibilidades que brinda para el conocimiento el patentamiento de los organismos, y la formulación de nuevos materiales, remedios y componentes que proporciona la biodiversidad. En ese sentido, estar sentados en el reservorio mas grande de recursos del planeta es un privilegio que se padece.
La segunda M es una residual de la primera. Latinoamérica se ha vuelto un subcontinente macrocefálico, donde las grandes ciudades, que en su mayoría son sus capitales, no son solo concentración de capital, sino que están adornadas por semicírculos de excluidos. De este modo, los cinturones de los diferentes conurbanos, que aumentan su cotización a instancias electorales, se transforman en la Mano de Obra cuasi esclava que aumenta la rentabilidad al hacer casi nulos los costos sociales y de producción. Además del castigo que significa ser un exilado económico, el desarraigo cultural que produce la ruptura con la sagrada raigambre que muchos supieron tener con su terruño, vuelve a esta mano de obra permeable a cualquier abuso político y social. Esta segunda M se vuelve altamente rentable para industrias de diversos rubros, en especial textiles y de servicios, que elijen dentro de una oferta que se amplía diariamente con una flexibilidad que no tiene nada que envidiarle a los cargamentos de esclavos.
Por otro lado, la concentración demográfica atenta profundamente contra el buen vivir y contra cualquier política pública de planificación que pretenda resolver los dilemas cotidianos de las personas. Sin duda la equitativa distribución demográfica en un territorio, es decir, la posibilidad de realizarse como individuo en tu lugar de pertenencia, está íntimamente ligada a la distribución de la riqueza (que poco tiene que ver con el ingreso), y fundamentalmente a la justicia social.
La tercera M son los Medios de Comunicación. Los 10 grupos mediáticos más importantes del mundo, o por lo menos con mayor capacidad de difusión, pertenecen a firmas cuyos accionistas comparten su porfolio de inversión con empresas de armas, medicamentos, alimenticias, petroleras, y de la industria automotriz. Como ha dicho la presidenta Dra. Cristina Fernández, estos tanques mediáticos no tienen intención alguna de transformar esta estructura productiva, defienden hoy el statusquismo que supo establecerse a punta de bayoneta en Latinoamérica. El rol es diferente, trabajan sobre el silencio, la indiferencia, y se apuran a catalogar cualquier análisis de planificación como una intromisión en la libertad individual.
Sin embargo, la resistencia es inevitable, porque la magnitud del saqueo lo hace inocultable. Los pueblos originarios, las comunidades campesinas, los pequeños pueblitos son la primera barrera de contención, de confrontación directa frente a este modelo extractivo-exportador, de acumulación y despilfarro. Por eso la cuarta M es la Militarización y Criminalización de la protesta. Que abarca diferentes niveles de violencia. Desde la judicialización y encarcelamiento, hasta la eliminación concreta de la resistencia con fuerzas privadas y mercenarios residuales del sistema público.
Animarse a debatir estos temas, animarse a formar parte de una reactualización doctrinaria que encienda los corazones –y no solo la razón– de los jóvenes que toman las banderas de una lucha que tiene una continuidad en la historia tiene que ser la razón de este encuentro. Una militancia sin valores ni principios que defender, o sin actualizar esos valores a la realidad que le toca vivir, cae indefectiblemente en el oportunismo o en el anacronismo.
Esta situación mundial coloca a la Unión Latinoamericana en imprescindible para la propia vida. Ya no sólo para la soberanía de nuestros recursos y territorios, sino para garantizar la supervivencia de la especie en el planeta. Ese será el gran desafió.
A casi 200 años de la fragmentación de la Patria Grande, los Latinoamericanos tenemos el deber de unirnos para cambiar al mundo. En nosotros abrevan las cosmovisiones de lo antiguo y lo nuevo, del conocimiento pluripopular, entremezclando espacios y tiempo diversos, esa tendrá que ser la síntesis que aporte soluciones a un sistema que esta caduco. El siglo XXI será el siglo de la supervivencia, y que este nos encuentre Unidos y Liberados.